Tasas de interés, sombrero voltiado y camandula en mano

El viernes 25 de julio, el Banco de la República subió nuevamente las tasas de interés con el objetivo de mantener presión sobre la inflación, (recuerde que el único, ÚNICO, trabajo del banco central colombiano es controlar la inflación). También recuerde que la ambición de generar empleo, crecimiento económico, productividad, tasa de cambio favorable, subsidios y tratados de comercio, le corresponden al Estado (o al gobierno, que en Colombia es lo mismo).

Horas después del anuncio de incremento de tasas de interés, el Presidente Álvaro Uribe, vestido con sombrero voltiado y camandula en mano, dijo:

“Ninguna institución en Colombia puede estar tomando decisiones sin oír al pueblo colombiano (…). ¿Por qué si al Gobierno se le pide escuchar, el Banco de la República no lo hace?”

Claramente, el presidente Álvaro Uribe no quiere que el banco central haga una encuesta a todos los colombianos y les pregunte si quieren que la tasa de interés suba o baje para controlar la inflación. Si fuese posible hacer esta encuesta y preguntarle a los colombianos: “Qué prefiere, inflación alta/baja o tasas de interés altas/bajas”. Sería probable que los colombianos, que en su mayoría no tienen acceso al sistema financiero de forma completa, no tienen tarjetas de crédito, ni les otorgan créditos de consumo o inversión, pero si se sienten perjudicados por la inflación, respondan: “Prefiero inflación baja, y el resto no me importa”

El presidente quiere es que escuchen a los gremios con intereses particulares y no nacionales que son los afectados por una tasa de interés alta. A los campesinos de Juan de Acosta (Atlántico) o a las ancianitas rezanderas de Marinilla (Antioquia) no les importa, ni los afecta la tasa de interés, pero si la inflación.

El presidente Álvaro Uribe en lugar de rogar a las almas del purgatorio que la tasa de interés no suba para no perder respaldo de los intereses particulares de algunos sectores económicos, podría descargar el sombrero volteado, y la camandula e insistir en medidas que en realidad lleguen a generar empleo y crecimiento económico. Debería darle sombrerazos volteados a sus ministros de transporte, agricultura y protección social por ineptos. Debería lavar la camandula en agua bendita y usarla para lavarles el cerebro a los dirigentes gremiales que lo mantienen ahogado con presiones para que los favorezca, mientras ellos siguen viviendo de la renta de actividades poco productivas, y que le dejen de echar la culpa de su incapacidad a la única autoridad seria que queda de la reforma constitucional de 1991, que es el Banco de la República.

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